DOVLATOV, película rusa

Lo primero que hay que decir de esta película es que es bellísima.
Por su fotografía y puesta en escena, los planos y el armado del relato, el director logra construir la imagen del escritor, y no solo de ese personaje que ya es mítico en el panorama de la literatura soviética, sino el de toda una generación de artistas.
Estamos hacia el final de los años 60, en Leningrado a inicios de la década de los 70, y Alexey German Jr. nos traza una pintura de un grupo de jóvenes poetas y pintores, disidentes, críticos del anquilosado sistema soviético, que intentan desarrollar su arte, expresar su vocación, publicar, dar a conocer su obra obstinada, inútilmente.
La película muestra la angustia y la desesperanza, pero también la alegría y la fuerza de resistir, y lo hace con humor e ironía.
El director transmite con nostalgia y sin caer en la dramaticidad de la literatura rusa, con un nuevo lenguaje, con una mirada moderna, de hoy, que se dirige hacia ese pasado.
Un pasado que se remonta hacia los últimos años de la Unión Soviética, durante el gobierno de Breshnev, que más adelante caería como producto de la Perestroika llevada adelante por Gorvachov.
Uno de los logros de la película es que nos muestra la vida cotidiana de esos años. Y que significaba ser artista, escritor.

El relato se desarrolla en el lapso de seis días en la vida del escritor, Sergei Dovlatov, en noviembre de 1971.
El objetivo y preocupación del personaje es conseguir una muñeca para su hija, que solo se consigue en el extranjero, y que como el lavarropas, es un bien tan dificil de obtener, un símbolo de las limitaciones, dificultades y penurias en la órbita soviética.
Sus afanes profesionales se mezclan con los aspectos de la vida diaria.
El retrato del escritor en todas sus facetas y desde todas las perspectivas, de su madre, su esposa Lena, su hija Katia, sus amigos sus amantes, los dirigentes, jefes y colegas.

Entre los méritos de la película sobresale la belleza visual de las escenas, gracias a la fotografía del polaco que realizara también su exquisito trabajo en blanco y negro de la aclamada Ida de Pawel Pawelkovski.
Aquí se trata de un sepia muy particular, que sume bajo la niebla de la ciudad rusa de San Petersburgo, que es la soviética Leningrado, a los paisajes y los personajes que se mueven en los ambientes exteriores agrisados y neblinosos, y en el interiores amarronados, tal como resultaba para una mirada occidental la vida soviética, por dentro y por fuera, carente de colores, donde no se distinguía ningún color por fuera de los grises marrones verdosos.
El director vuelca sus propios recuerdos en el relato, dado que sus padres trataron al escritor y vivieron esa época.
A través de esta película el director rinde homenaje a esos artistas frustrados, desesperanzados y persistentes, que transmitían la modernidad y el desparpajo de los nuevos aires que recorrían el mundo en una jaula y un chaleco de fuerza que los maniataba.
Cada elemento del relato pasa por el tamiz subjetivo de la mirada del escritor.
Los momentos narrados están extraídos del libro de Dovlátov, El oficio, que como él mismo dice son las "confidencias de un escritor fracasado", perfectamente articulados por German en el relato del devenir de la vida del escritor.
German encontró un lenguaje original y muy personal para desarrollar la trama.
Nos pone dentro de la escena, como accidentalmente, nos introduce en la vida rusa, nos hace participar de sus ambientes, sus sentimientos.
No podemos dejar de amar a este personaje corpulento, sensible como un chico, irónico, malicioso, lleno de ideales. protagonizado por el actor servio Milan Maric.
Dovlatov (1941-1990) emigró a los EEUU en 1978, donde coincidió con su amigo Brodsky en Nueva York, pero de esa etapa ya no habla la película.
Tenemos que agradecer a la película habernos hecho conocer a este gran escritor.
Coproducción rusa polaca servia, se estreno en el Festival de Berlín 2018.
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